Un muy minimalista dolor de estómago

Nunca pensé que un dolor de estómago pudiera ser la clave para retomar el camino hacia las cosas que realmente importan.

Photo by Caroline Hernandez on Unsplash

Un poco de contexto…

Volvimos de unas vacaciones en la costa hace un par de días. Fue casi un mes de estar fuera de casa, visitando a la familia que, afortunadamente, viven bastante cerca de algunas maravillosas playas aquí en Chile. Disfrutamos al máximo, hicimos muchas de las simples pero tradicionales cosas que siempre hacemos con mi familia y la de mi esposo. Siempre nos están pidiendo que viajemos a visitarlos, así que decidimos instalarnos ahí un mes hasta que prácticamente nos echaran. Claramente eso no pasó, pero en algún momento había que volver, jajaja.

Así que aquí estamos…de vuelta a nuestro departamento en la calurosa capital. Por alguna razón me afectó más de lo que pensé. Volví cansada, quejumbrosa y mal genio. Aún no estoy segura de qué fue, quizás haber dejado de lado algunos hábitos y rutinas que mantienen nuestro hogar en armonía, o tal vez el cambio de alimentación – soy tremendamente susceptible a ciertos alimentos a los cuales no pude decir que no-, el clima, la acumulación de ropa sucia, tareas pendientes o quizás un poco de todo. El punto es que me sentía desganada y, para más remate, irritable.

La gota que rebalsó el vaso

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Lo peor, aunque en el fondo lo considero una bendición, es que debido a la potente simbiosis que comparto con mis hijos, ellos también volvieron irritables. Se aburrían y se cansaban de todo. Olvidaron por completo nuestra rutina de ordenar antes de sacar algo más y en cosa de minutos llenaban el piso de pequeños papelitos, figuritas, regalos de sus tías/os y abuelas. Más encima, mi pequeña Emilia despertó un día llorando y créanme…siguió haciéndolo cada 10 minutos durante el resto del día.

Cuando llegó mi esposo traté de hacer una rica cena para todos. Mientras, los llantos, gritos y peleas de nuestros hijos continuaban. Mi esposo trataba de ayudar, pero llegó con trabajo pendiente y coordinar asuntos por teléfono al momento que intentas calmar a 3 niños muy alterados es realmente difícil. De alguna manera logramos sentarnos a cenar, pero mis hijas comenzaron a pelear como por 1500 vez en el día y en un forcejeo botaron al suelo parte de la cena. Ahí exploté. Les dije…mas bien les grité…que se sentaran y terminaran de cenar tranquilas. ¿Recuerdan que Emilia estuvo llorando seguido? Adivinen qué pasó. Sí, lloró de nuevo y más fuerte que antes.

Cuando uno toca fondo ya no es capaz de seguir enojado. Con qué cara, si había hecho llorar de susto a mi pequeña. No fue que la mandara a sentarse, ni que no pudiera quedarse con la sal. Fue miedo, y eso es lo más terrible que se le puede hacer a un pequeño niño inocente. Es tremendamente común, lo sé, pero no por eso deja de ser algo cruel. ME sentí pésimo. Me calmé y terminamos el día más o menos bien, con besos antes de dormir y todo eso…pero seguía sintiéndome mal.

El mejor consejo que podían darme

Así que, con mucha vergüenza, me acerqué a mi esposo y le pregunté lo siguiente: “¿Qué es lo más importante que debo mejorar como mamá?” Me quedó mirando un rato, mientras yo repetía todo un discurso de auto-crítica destructiva en mi mente. Pero él simplemente me dijo: “Creo que debes trabajar tu frustración cuando las cosas no salgan como esperas. Pero aparte de eso…nada más, eres una muy buena mamá.”

En el momento seguía un poco confundida y mi autocrítica no me permitió valorar como lo estoy haciendo ahora el consejo de mi esposo. De todas formas le di las gracias y me esforcé por relajarme el resto de la noche antes de irnos a dormir. Me enfoqué en que el día siguiente sería mejor. Y así fue, solo que no de la forma que yo esperaba.

Bebé Lucas se despertó poco antes de las 5 am como si fuera medio día. Reía y quería jugar a como de lugar. Nos divertimos un rato – lo más silenciosamente posible – y luego lo llevé de vuelta a su cama a dormir. Entonces se despertó Emilia, quería agua, hacer pipí y que yo la acompañara hasta que se durmiera de nuevo. Lo hice con un sorprendente buen humor y a las 6 am ya estaban los dos durmiendo de nuevo. Luego decidí quedarme despierta y desayunar con mi esposo. Fue una linda manera de comenzar el día. Terminé un proyecto pendiente mientras estudiaba las escrituras y todo parecía ir de maravilla.

El giro que mejoró todo

Entonces los niños despertaron, Emilia tenía nauseas y mucho dolor de estómago. Justo hoy. Realmente las cosas ocurren por algo. Tengo la costumbre de que cuando uno de mis hijos está enfermo, ese día lo mimo al máximo, pero siempre con acciones, no cosas. Su malestar me llevó a volcarme a ella, y a mis otros hijos también, pues no me gusta que se sientan desplazados cuando le doy más atención a uno en particular. Así que leímos varios cuentos, nos abrazamos y dimos muchos besos, comimos disfrutando el momento, jugamos al dominó – que nos encanta – y de alguna extraña y mágica forma que aún no logro comprender, la casa luce más ordenada y limpia que ayer.

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Si no hubiese sido por el malestar de mi hija, seguramente habría llenado mi lista de “cosas por hacer hoy” y a esta altura del día se habría repetido el mismo patrón de ayer. De seguro también habría olvidado el consejo de mi esposo y no hubiese sido capaz de beneficiarme de él. Mi ansiedad y dificultad para ser razonable con mis expectativas personales me estaban llevando a estresarme por tratar de llevar un estilo de vida minimalista…perdiendo totalmente el foco del asunto!!

Pero yo creo que eso es algo que ocurre a menudo. Especialmente si tienes serios problemas de rigidez y ansiedad como yo. Es un poco triste que mi hija haya tenido que enfermarse para que yo recordara el verdadero significado de una vida minimalista en familia. Sin embargo, habría sido aún más triste que ni con enfermarse lo hubiese podido recordar. Nunca pensé que un dolor de estómago pudiera ser la clave para retomar el camino hacia las cosas que realmente importan. Pero así fue, y estoy sumamente agradecida por eso. Creo que fue el consejo de mi esposo lo que me permitió sacar lo mejor de esta experiencia. Las cosas no salieron como esperaba…pero manejé bien mi frustración, si es que acaso hubo alguna.

Ahora cuéntame tú…

¿Qué cosas inesperadas te han ayudado a retomar el rumbo?




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